NO TOMES TANTOS ANTIDEPRESIVOS Y RÍETE HASTA DE TU SOMBRA

Noche de miedo...

Estaban los abuelos, mi mujer y mis hijos  un sábado de madrugada jugando a las cartas, yo fui a la cocina a por más hielo para el balentain que estábamos tomando, todo iba tranquilo y en silencio pues eran las tres de la mañana, hasta una media hora más tarde que empezábamos a oír ruidos sin saber de donde provenían.

En principio no le dimos importancia aunque intentábamos poner atención pensando que serian de algún otro piso cercano al nuestro. Los abuelos vivían en una residencia en un apartamento que estaban solos. Se empezaron a poner nerviosos con el sonido tan extraño y en varias ocasiones me pidieron que me levantara a ver que pasaba, confieso que tardé en hacerlo porque me estaba empezando a asustar de verdad. 

Me armé de valor porque esos ruidos no desaparecen y los abuelos y los niños empezaron a asustarse ya en serio. Yo ya estaba muy nervioso y decidí coger una escopeta de aire comprimido para ir a la puerta de la casa, me llevé un tremendo susto cuando al abrirla estaba la vecina de arriba con la cara verde de un maquillaje de limpieza y al verme con la escopeta dió un tremendo grito...

Le dije que me había asomado al descansillo porque había ruidos extraños y al preguntarle porque estaba allí frente a mi puerta con la luz apagada, me dijo que venia a decirme que o hiciéramos tanto ruido que no la dejabamos dormir...yo le explique que estaba con la escopeta porque oíamos en casa muchos ruidos extraños.

Cuando se marcho nosotros seguimos jugando intentando no echar much cuenta de esos ruidos, pero nos era imposible, mi abuela me pidió una biblia y nos hizo escuchar todo lo que se le ocurría, pero nuestra intranquilidad se convirtió en pánico...

Como aparentemente el ruido venia de la cocina, me senté cerca de la puerta con la escopeta en la mano y cerré la habitación donde estaban todos, recuerdo que pensé en la película, solo ante el peligro y aunque con miedo, sentía que era el salvador de mi familia...de pronto el sonido se escuchó frente a mi en el fregadero, no supe en ese momento si reir o darme un cabezazo en la pared...

De la bandeja de hielo que fui a coger a la cocina y que dejé sobre el fregadero, se iban desprendiendo unos cubitos de hielo que a veces daban sobre un vaso y otras en el metal y por eso el ruido era cada vez diferente. Cuando se lo comenté a la familia, no sabían si abrazarme o darme con la bandeja del hielo en la cabeza...

Todo esto no es una invención mía, es un caso real que nos paso en casa un verano y que le conté en una ocasión A Conchis, totalmente verídico...

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